LA TIERRA DE LAS ANACONDAS

        Madreselva

           (Delta Dellys Monocromos Nº 2)


LA TIERRA DE LAS ANACONDAS

#1
Una puerta se había abierto al otro lado, más allá del océano, en la tierra de las anacondas. Las distancias eran enormes, parecían insalvables, aunque no lo serían pues el deseo crecía cada vez más. Los días se sucedían, se solapaban las noches aquí con las tardes allá, madrugadas de insomnio tecleando una y otra vez… el ritmo era difícil de soportar.
El olor a café me despertaba por la mañana, acariciaba la taza como si de su cuerpo se tratara. Soñaba con el día en que se encontraran, en algún lugar, a este lado o en aquel, no importaba donde.
Y así transcurrían los días, se solapaban las tardes y las noches, y los vientos traían su voz del otro lado del mundo, un bello canto de amor que le sumergía en un placentero sueño, dulce placer repleto de fantasías.

#2
El canto del turpial llegó hasta mis oídos rompiendo así mi corta siesta. Aún estaba cansado del viaje, aunque algo me había repuesto. Por fin estaba allí, en medio del Orinoco, casi no podía creerlo.
Había venido sin avisar ya que no volvieron a hablar después de aquella noche… la noche en que se apagó la llama. Quería hablarle, pero no podía…o más bien no debía. Se prometió a si mismo que respetaría lo que ella le había pedido.
El canto del turpial acariciaba sus oídos y la lluvia refrescaba aquella tarde de febrero en las lejanas tierras deltanas.

#3
“Héroe quieres ser, mas para ello en la contienda debes vencer. Solo, crees poder, y tan siquiera sabes a que te enfrentas. Te agarras a la espada sin apartar la mirada, porque sabes que el miedo recorre tus entrañas. No eres ningún valiente, no tientes a la suerte, o serás devorado por las serpientes”.
Aquella primera noche en los humedales no sería nada placentera. Se despertó empapado en sudor, atemorizado. Mañana comenzaría la búsqueda. Aunque hacía mucho desde aquella noche, estaba seguro de que ella aún le esperaba. El amor no tiene límites.
Volvió a dormirse y la negra noche trajo de nuevo los peores sueños. La imaginó enferma, sin fuerzas, postrada en una cama.


#4
Estaba leyendo una noticia acerca de una exposición en el Moma de un tal Brent Porteño, un joven pintor venezolano, cuando su corazón casi se paraliza al ver la imagen que la acompañaba. El pie de foto acabó anulando cualquier resquicio de duda: El artista, siempre acompañado de su madre, Celia, inaugura su exposición “La Tierra de las Anacondas”.
Habían pasado varíos años desde aquella mañana en que al despertar, después de una horrible noche de pesadillas, inició una búsqueda de días sin éxito. Sólo pudo averiguar que ella había abandonado el país meses atrás en compañía de su hijo Brent, una persona especial.
La última noche que los dos hablaron,sus palabras sobre el chico y su futuro cerraron aquella ventana entre ella y él para siempre.
Dicen que Dios existe… Nadie vino aquí después de estar con Él, a contárnoslo. Sin embargo, cada mañana sale el Sol para todos nosotros. Incluso para aquellos que son diferentes, que son especiales, quizás en ellos vive Él, pues son más puros que los que nos creemos normales, superiores.
Puedes pintar el cielo,… rostros bellos. Quizás él también pueda. Quizás él si que pueda ser un artista de verdad.
Esta mañana ha vuelto a salir el Sol, y la vida sigue para todos nosotros.
FIN

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